El eje intestino–cerebro–piel. La piel no funciona de forma aislada. Está conectada con el intestino, el sistema inmune y el cerebro a través de una red de comunicación constante conocida como eje intestino–cerebro–piel.

Lo que ocurre a nivel interno puede influir directamente en cómo se comporta la piel.

En los últimos años, la investigación ha demostrado que factores como el estrés, la alimentación, el estado del microbioma intestinal o la inflamación pueden alterar el equilibrio de este eje y reflejarse en la piel en forma de: sensibilidad y reactividad, inflamación, enrojecimiento, brotes, deshidratación, exacerbación de condiciones cutáneas como el acné, la rosácea o la dermatitis.

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El papel del intestino

El microbioma intestinal participa en procesos clave para la salud de la piel, como la regulación del sistema inmune, la respuesta inflamatoria y el equilibrio metabólico

Cuando el microbioma intestinal pierde diversidad o equilibrio (lo que se conoce como disbiosis) pueden aumentar las señales inflamatorias que afectan al funcionamiento normal de la piel.

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El papel del cerebro

El cerebro recibe señales constantes desde el intestino a través de diversas vías.El estrés psicológico puede alterar la función intestinal, modificar el equilibrio del microbioma y aumentar la inflamación a través de mecanismos neuroendocrinos.
La piel suele ser uno de los primeros órganos en reflejar estos cambios.

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Cómo se comunican

El intestino, el cerebro y la piel se comunican a través de señales inmunológicas, metabolitos producidos por el microbioma, hormonas y neurotransmisores.

La salud de la piel está profundamente influida por el estado general del organismo y por el entorno en el que vivimos.

Otra forma de entender el cuidado de la piel

Comprender este eje cambia la forma en la que entendemos la cosmética.

La piel no necesita ser constantemente corregida o agredida para funcionar mejor. Necesita equilibrio.
Por eso en Barriers desarrollamos fórmulas microbiome-intelligent diseñadas para: